Algunos mensajes ambiguosHay ciertos comportamientos tuyos que pueden disparar sus fantasías eróticas.
“Los hombres son unos engreídos”, dice Susana al entrar en la oficina el lunes. “Tú les sonríes, tratando de ser amable y ya se creen que estás coqueteando con ellos... ¡Y todavía se atreven a acusarnos de vanidosas!”
“Pero, ¿qué pasó?”, le pregunté. Susana estaba en una fiesta con unas amigas, y la música estaba tan buena, que las tres empezaron a bailar solas. De pronto, un chico se acercó, y ella lo agarró por la mano y lo invitó a bailar. “No había terminado la canción y estaba tratando de tocarme el trasero”, exclama. “¡¿Qué se habrá creído?!”
Es cierto que al tipo se le fue la mano, pero el meollo de esta historia reside en el “seudoflirteo”. Y digo “seudo” porque aunque parece, no lo es. Como este chico, que no pudo darse cuenta de que Susana hubiera bailado hasta con un palo de escoba, y creyó que ella deseaba algo más. ¿Por qué? Pues porque la sicología masculina está condicionada por nuestra propia experiencia genérica. Para explicarme mejor, estas son algunas acciones “inocentes” que suelen confundirnos.
Halagar nuestro look Algo tan simple como: “¡Qué lindo T-shirt!”, puede alborotarnos la imaginación. Pero antes de comenzar a juzgarnos escucha la explicación de mi amigo Javier. “A diferencia de las mujeres, que pueden elogiar los zapatos de su peor enemiga, en nosotros casi nadie repara. De manera que cuando Laura comenzó a halagar mis camisas con frecuencia, pensé que más que la camisa le interesaba el dueño. Así que le dije: ‘Si vienes a mi apartamento te puedo enseñar que tengo muy buen gusto’. ¿El resultado? Se alejó mirándome como si fuera un pervertido y no volvió a dirigirme la palabra jamás”.
Revelar tu vida íntima Las mujeres no son muy selectivas para hablar sobre sus asuntos personales, pero a nosotros nos ocurre lo contrario: rara vez compartimos intimidades, y cuando lo hacemos, tiene que ser con alguien muy especial... De manera que cuando nos cuentas sobre la pelea que tuviste con tu novio, inmediatamente imaginamos que nos estás sometiendo a una especie de audición para ofrecernos el papel de tu chico.
“Y lo mismo sucede cuando eres tú la que empieza a indagar sobre nuestra vida romántica”, añade José. A mí me ocurrió una vez. Tenía una colega que comenzó a interrogarme sobre mi novia: cómo era, qué tiempo llevábamos juntos... Aunque después me di cuenta de que le gustaba el chisme, interpreté su curiosidad por mi vida amorosa como un deseo de querer participar en ella y le respondí: ‘Es linda, sexy, pero no puede compararse contigo’. ¡El cachetazo se oyó en el pasillo!”
Darnos atención VIP Ustedes son delicadas por naturaleza. Por eso, a diferencia de nosotros que pasamos por alto los buenos modales, prefieren no responder a una llamada personal cuando están reunidas con otra persona. Eso fue lo que le costó el puesto a Rolando. Su jefa lo había llamado para que le explicara cómo marchaba el proyecto que le había asignado, y mientras él estaba hablando, sonó su teléfono: “Ambos miramos de reojo y vimos que era su novio; pero ella me pidió que ignorara el timbre y siguiera, así que ahí mismo se me levantó el ego e inferí que la había cautivado con mi conversación”. Desde ese instante, Rolando le enfiló los cañones y empezó a cortejarla, pero no tardaron mucho en despedirlo por acoso sexual.
Bromas... y algo más Y eso no es todo: las bromitas coquetonas que nos lanzas y esas caritas sonrientes y besos que pones al final de tus e-mails también nos nublan el entendimiento. Tú lo haces porque eres amigable por naturaleza y porque te diviertes, pero nosotros lo vemos como fases iniciales del apareamiento. Y si nos tocas el brazo mientras nos hablas, ¡mamma mía! Aunque ustedes son más expresivas y táctiles que nosotros, a veces se les olvida que el simple roce de una mano de mujer es suficiente para poner a hervir la testosterona.
Fuente: Revista Cosmopolitan